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Propiedad Intelectual

Folletos, fotografías, escritos, diseños, invenciones, contenido web, grabaciones de audio, ideas, código fuente... Salvo que quieras que otros se beneficien de ello o que se apropien del mérito que te corresponde, la única manera de proteger tu trabajo es registrándolo.

¿A quiénes somos útiles?

La protección de la propiedad intelectual es fundamental para fomentar la innovación y la cultura. Sin la protección de las ideas, las empresas y las personas no aprovecharían los beneficios de su inventiva y se centrarían menos en I+D. Lo mismo puede decirse de materiales de marketing y de ventas, en donde enormes inversiones y oportunidades de negocio estarían en juego. Del mismo modo, los artistas no serían plenamente recompensados por sus creaciones y en consecuencia la vitalidad cultural se vería afectada.

La mayoría de las personas no son conscientes de ser dueñas de propiedad intelectual. La gente tiende a pensar que sólo las grandes organizaciones con nombres, logotipos y marcas rentables a proteger son los únicos que realmente necesitan salvaguardar los activos intangibles. Pero en realidad, prácticamente todo lo que está escrito, que ha sido visualmente diseñado y que es único de un individuo o empresa es propiedad intelectual, lo que significa que millones de personas y empresas poseen más de lo que piensan.

Entendiendo el hash

La protección de derechos de IP requiere que un tercero intervenga como registrador. Cuando tratas con agentes de la propiedad intelectual o con servicios notariales para proteger la autoría de tus creaciones, los costes de IP pueden ser abrumadoramente altos. No tiene por qué ser así.

En el mundo digital, un mensaje de correo electrónico, una imagen JPEG o una grabación MP3 son sólo algunos de entre una gran variedad de formatos de archivos digitales que existen, donde un archivo digital puede describirse como un conjunto de datos comprendido por una distribución única de Ceros y Unos. Mediante el uso de funciones hash criptográficas puede obtenerse una huella digital única —un hash— de cualquier conjunto de datos, siendo dicha huella fiable siempre y cuando la función hash utilizada tenga dos propiedades principales:

  • no es factible modificar un archivo sin que cambie el hash
  • no es factible encontrar dos archivos diferentes con el mismo hash.

Cuando se cumplen estas propiedades, el hash resultante es a todos los efectos una representación precisa e indudable de un archivo dado. De este modo, registrar un hash equivale a registrar el archivo a partir del cual se obtuvo el hash. Así de simple.

Envíanos tu contenido digital y obtén la prueba de autoría al instante

Existen redes innovadoras que permiten almacenar hashes en bases de datos de tipo blockchain basadas en el protocolo bitcoin. Aunque son soluciones realmente imaginativas y eficaces, entender cómo funciona el blockchain no está al alcance de la mayoría.

Nuestra propuesta es mucho más simple y como mínimo igual de eficaz: envíanos tus archivos digitales vía email y nosotros nos encargaremos del resto. Cuando recibimos tu email, utilizamos una función hash criptográfica pública para obtener hashes únicos del email y de cada uno de sus anexos, si los hubiere. En cuanto firmamos y fechamos electrónicamente el recibo que contiene una copia completa de tu email y todos los hashes asociados, tus derechos de propiedad sobre dichos datos quedan garantizados y protegidos para siempre.

Hora de probar la autoría de tus archivos digitales

Para demostrar la autoría de tus archivos sólo necesitas proporcionar el recibo de la prueba, en formato digital. El recibo contiene el email original con sus adjuntos, sus hash, y la fecha en la que se emitió el recibo. Es todo lo que necesitas.